Una herida que cicatriza con saliva
Saliva que estaba cargada de mentiras y de clavos.
clavos que se introducían por mi boca desgarrando hasta el estomago.
Mi corazón desangrado.
Mis pulmones sin aliento.
Mis manos agrietadas del frío de nuestros abrazos.
Porque seguimos mintiéndonos no lo comprendo.
Porque sigo queriéndote aun menos.
Al fin y al cabo fueron miles las sonrisas de compasión,
muchas las miradas compenetradas hasta mis entrañas.
Noches entre sabanas mojadas, no se si por sudor o por lagrimas.
Lagrimas de cocodrilo, lagrimas de tristeza.
Todos los días te ibas y me dejabas esta puta sensación de querer más,
de querer reventarte el alma con un abrazo, o quitártela de un beso de esos que te dejan sin aliento.
Pero llegará el frío invierno y no querrás congelarte,
te irás y me dejarás entre sabanas frías de la ausencia de amor,
de pasión,
de esos polvos salvajes,
de ese aliento que azotaba fuerte mi cuello al despertar.
Meteré estrofas de esos cantantes que tanto odiabas por esas letras que decían que nos sobraba el amor,
o de esas que me decían que el amor era una mera estupidez, una perdida de tiempo, una puta mierda.
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